


En serio, la necesito ya.
Pasear, perderme, sentirme parte de ella. Explorar de nuevo sus rincones, volver a tocar las viejas piedras de sus calles perfumadas de historias. Volver a enamorarme de cada columna, de cada castaño de las avenidas, de cada baldosa. Volver a encontrar aquella tiendecita de cajas de música y vestidos antiguos al lado del Marais. Volver a escuchar las mil vocecitas del barrio judío. Llorar de felicidad. Sonreír sin darme cuenta. Cantar en voz baja. Suspirar mientras se despliega ante mí su inmensidad llena de cuentos y luz. Respirar su aire con olor a magia. Creer en el amor. Peinar la hierba con mis dedos. Sentirme en casa. Sentir cómo me protege, me acoge, me llena de ella y me hace cómplice de sus historias. De sus secretos. De su vida. París.
Pararme en medio del puente más bonito del Sena y empezar a reír como una niña. Soltar miles de globos en mi rincón favorito de la plaza de los Vosgos. Tomarme un café y leer miles de libros. Prometerle a un francés rubio que volveré, y luego romper mi promesa. Ser libre. Ser aire. Probarme vestidos en las boutiques, y no quedarme con ninguno. Espiar a los desconocidos por encima de un libro. Hilvanar historias para cada uno de ellos. Reírme de mi imaginación. Ser yo misma otra vez.
Eres increible
ResponderEliminarSinceramente, me encantas.
Gracias, misterioso desconocido (:
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