21 enero 2012
Nueve noches sin dormir.
Nueve noches como nueve lápidas
cada vez más frías
cada vez más oscuras
puesto que ya no hay nada entre mi cuerpo y las sábanas.
Busco en vano tu olor, tus manos adormecidas
entre mi calor y yo
pero no me queda más que este helado duermevela
que me desgasta.
Hace nueve noches que tengo pesadillas
surrealistas
de niños pequeños que follan como putas
y trepan por mi pelo
y se vuelven bichos
y no puedo soportarlo.
Cierro los ojos.
Suelto la última bocanada de humo
que me ata a cualquier cosa material
-aunque esa cosa material sea tabaco-
y empiezo a volar.
No quiero recordar nada,
no quiero volver a tener miedo
de irme a la cama
puesto que temo despertar con la almohada húmeda
tras otra pesadilla
tras otra nueva demencia
y volver a descubrir que
una décima noche más
tú te has ido.
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