07 julio 2010

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Se cimbrean las palmeras, en su altura, sobre mí.
El sol acaricia todo a su paso, dora la arena y se pasea perezosamente por mi piel.
Me susurran las olas, al romper sobre la arena, mil canciones con sabor a nostalgia y a sal.
La suave brisa de la mañana me arropa, envolviéndome en su calidez clara y dulce.
Tumbada sobre la arena, casi me siento feliz.
En días como hoy, el cielo aparece desenvueltamente azul, mirándose coquetamente en la superficie del mar.
A lo lejos, en otro punto de la playa, una gaviota se pasea dejando atrás huellecitas pequeñas de tijeras.

Aquí, en la isla, nunca pasa nada. Todo parece soñado por un pintor perfeccionista o un poeta evadido.
Acaricio distraídamente mi piel tostada tras largos años de sol. Dentro, más allá de la playa, me espera mi hogar, mi lecho de ramas secas y mis recuerdos de nostalgia. Recuerdos de aquella época, cuando yo tenía nombre y cada persona tenía una voz.

¡Una voz...! ¡Cuánto tiempo hará ya que no oigo tu voz!
¿Dónde estarás hoy, junto a quién? ¿Seguirán tus ojos brillando con la misma luz?
Ya no puedo evitarlo por más tiempo. He desencadenado un recuerdo, y raudos vienen todos los demás.

Aquellos días de luces en la noche, de zapatos y cristal.
Aquel tiempo de sombra y sueño, de horas llenas de un silencio repleto de besos.
¿Por qué, dime, por qué decidiste acabar?
Yo era tuya y tú eras mío, y llamábamos locos a todos los demás. Yo me preocupaba de todo y de nada, el hilo del tiempo se enhebraba deprisa, veloces como puntadas fueron nuestros días.

Cuando me dejaste... No sé, no puedo explicarlo ni siquiera ahora, sólo recuerdo la inmensa noche poblada de luz artificial.

Yo vagaba, sola y aislada como un náufrago último de quién sabe qué terrible tempestad. Cuerpos sin rostro corrían en todas direcciones, afanándose en llenar el vacío con moderno y estereotipado estrés.
Los coches, sí, recuerdo los coches como corceles desbocados del infierno, encabritándose, relinchando con su bocina aguda y fría, ¡Y todas las canciones sonaban a la vez...!

No derramé lágrimas por ti.
De pronto, sin pensarlo, deseé estar lejos, muy lejos, y de pronto estaba aquí.
Aquí tengo todo lo que parezco desear.
Aquí hay placidez, aquí hay sueño infinito.
¡Yo maldigo a aquél que cumplió mi deseo!
Aquí estoy atrapada en un horizonte sin fin; sin voces, sin rostros.
Aquí intento olvidar, olvidar todo lo que fui. Pobre imbécil.
¡Aquí todo parece perfecto, y sin embargo añoro la artificialidad y el papel charol y los zapatos de cristal!
¡Añoro incluso el estrés, y la envidia, y la locura de la gente sin sueños, y el odio incluso, y el desánimo! ¡Añoro vivir!
Cálmate.
Respira hondo... Así.
Una lágrima corre por mis mejillas. La toco, incrédula, llena de sorpresa.
Hacía años que no lloraba.
Lo que más duele de todo, es saber que todo esto es mi culpa.
Yo elegí este dorado cautiverio. No hay vuelta atrás.
¡Y aún recuerdo, tras todo este tiempo, el color de tus ojos, y el olor de tu pelo!
He olvidado mi vida, mi nombre y mi orgullo, ¡pero aún recuerdo el sonido de tu voz!
Luego vuelvo a abrir los ojos, y vuelve a desplegarse ante mí el halo de esta vasta y torturadora inmensidad azul.

Escrito el 16 de Mayo de 2010.
Special thanks to Jaime por animarme a subirlo :)

2 comentarios:

  1. Yo era tuya y tú eras mío, y llamábamos locos a todos los demás.
    Puaf pequeña, me encanta. A veces la felicidad no está en ese lugar donde te evades de todo, donde todo es tan perfecto que la imperfeción no cabe.. y sientes que falta algo.
    ¡Un besi! :)

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  2. Eso es. La perfección a veces resulta más artificial que el papel charol y las joyas de plástico. Agobia, no te deja respirar, te encorseta.

    Por eso lo escribí (:

    Gracias guapa!^^

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