Alguien me dijo una vez que, si te ves reflejada en los ojos de alguien, significa que te quiere.
Eso es una gilipollez. Y aún así, me sorprendo comprobándolo a veces. Pero he descubierto otra forma de saberlo. Cuando te mira. Es difícil de explicar, pero funciona.
Me daba tanta rabia ser dependiente de alguien, aunque fuese sólo un poco. ¡Yo! ¡Yo, que presumía de ser libre! Y ahora me encuentro temiendo por lo que podría pasar mañana. Por la incertidumbre. Por las preguntas sin contestar. Por las discrepancias, por los sinsentidos. Temiendo por mí, por mi variabilidad, por mi forma de querer tan doliente siempre. Porque sé que acabaré pasándolo mal, como las otras veces.
Yo no debería ser de nadie. Debería aprender a no querer. Debería volar, pasar entre sus vidas sin quedarme en ninguna más de veinticuatro horas. Debería ser lejana, debería dejarlo todo estar.
Al fin y al cabo, ¿de qué sirve todo esto? Hace tiempo que dejé de creer en el amor, en los sentimientos, que me desengañé de las palabras vacías. Hace tiempo que dejé de soñar con el famoso príncipe azul. A los nueve años ya no creía en palacios ni en princesas. Ahora creo en los cuentos, en las historias, pero no puedo entregarme otra vez.
La primera vez juré que sería la última. La siguiente dije que había sido un desliz, pero que seria el último. Todas las demás, también.
Cada vez me decía que era el correcto, que podía entregarme, que podía abrirme, y resultaba no ser cierto. Puf, y otra vez me caía de mi pompa de jabón. Qué fácil era hacerme daño.
Por eso me volví dura. Me volví fuerte. No creía en nada. No buscaba nada. Sólo quería jugar.
Y luego, zas. De pronto. Sin avisar. Sin preámbulos... Llegaste.
Me está costando mucho escapar. Me cuesta retenerme. Me importa una mierda lo que pensase antes, parezco decir. Esta vez sí. Todo parece perfecto y yo me he olvidado de nuevo de lo que juré.
No sé quién eres. No sé cómo acabará esto. Pero aquí me tienes, ilusionada como la primera vez. Fijándome en cada sitio que roza tu piel. Sonriendo cuando te veo. Empalagándome. Pareces distinto.
No me importa nadie más, no me importan los que estuvieron antes que tú. Me da igual cómo seas. Me da igual cómo pienses. Lo único que me importa es: ¿qué ves cuando me miras a los ojos?
Si, me encontraste.
ResponderEliminarClaro que será recíproco. De todas formas, avisame cada vez que actualizes.
Y respecto a esta entrada... me quedo con esto
"Por eso me volví dura. Me volví fuerte. No creía en nada. No buscaba nada."
Genial. Telodije.