PRIMAVERA
No soy nada, amor, sin ti.
Tu cuerpo es un molde perfecto
donde el mío encaja como las piezas
[de
un rompecabezas,
mis ojos no son nada si no ocupan tus ojos,
sin tu sonrisa, amor, mi sonrisa no es nada.
Quiero llenarte de flores, amor,
porque tú y yo somos la primavera.
Tu amor me hace grande, me hace eterna
(como una diosa o una loca);
son mis manos lo que buscan
tus manos abiertas como racimos de fruta.
Amor, es a ti a quien yo amo
[ingenuamente
con mi amor de música y jazmines,
y a cambio de amarte tan sólo pido,
amor, que tú también me ames.
Tú y yo estamos solos, amor,
por encima de todos los
[hombres,
y nuestro amor será a mi alma
lo que la primavera es a las flores.
VERANO
Abro los ojos, amor, y te descubro esperándome.
Me tiendes tus manos abiertas,
y juntos caminamos hacia el verano
[que
nos recibe.
No es el nuestro un amor glorioso
de los que creen ser inmortales,
nuestro amor no tiene laurel ni rosas,
sino que
simplemente
es un amor dulce, de pan y de lluvia,
un amor de sábanas y café
que recibo cada día como el agua que bebo,
cotidiana, necesaria, incalculable.
Sí, amor, nuestro amor es humano
[igual
que tú y yo,
y al igual que tú y yo arde,
cálido
dulcemente al caer la tarde.
OTOÑO
Una a una
lentamente
se van marchitando todas las flores.
Dime qué nos pasa, amor,
dime por qué se desnudan los árboles.
Dime qué es lo que calla en tus silencios,
qué es esta sombra que cubre nuestros ojos.
Qué nos ocurre, amor,
qué nos está consumiendo.
Como un sueño súbito ha caído el otoño,
y como en un sueño tú y yo seguimos
callados
el uno junto al otro
sin reconocer que estamos marchitos.
Atrás quedó la primavera,
el verano acabó sin que lo sintiéramos
y el invierno ya se acerca
lenta e inexorablemente
a congelar nuestro amor dormido.
INVIERNO
El frío ha llegado de pronto
en la noche más oscura.
Qué haremos,
qué haremos para no dormirnos.
No sueñes, aguanta el duermevela,
[háblame,
porque si nos dormimos
la nieve nos tocará
con sus dedos fríos.
Atrás quedó la risa,
atrás quedaron las noches cálidas
[y
el amor dulce,
y tú sueñas,
sólo sueñas,
y crees que, como la primavera
que vuelve siempre llena de flores,
nuestro amor volverá
más cálido y más dulce.
No, no te duermas en la nieve.
Dime por qué acabó, dime,
dime por qué estamos el uno frente al otro
sin hablarnos y sin vernos
en medio de la noche helada del invierno.
Tenemos que despertarnos
porque empezamos a morir
poco a poco
congelados.
He dejado ya de conocerte,
he dejado ya de amarte,
y no sé si es tu rostro lo que veo
[a
través del viento
ni si es tu voz la que ahora grita
desgarrada
a lo lejos.
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